Medicina Tradicional China

Para la medicina tradicional china, el organismo humano1959425_1045625992118126_1677826425155970575_n es un reflejo microcósmico del universo macrocósmico, todo un mundo interno compuesto por los mismos elementos y energías y sujeto a las mismas leyes naturales que el mundo externo y el cosmos. Los principios universales que rigen «todo lo que hay bajo el Cielo» (tien hsia) se conocen simplemente como «el Camino» (Tao) y se aplican por igual a las estrellas y los planetas, las moléculas y los átomos, y funcionan exactamente de la misma forma en el organismo humano que en el sistema solar, puesto que la naturaleza es la manifestación más evidente y duradera del Tao sobre la tierra.

Buena parte de la terminología tradicional de la medicina china deriva de los fenómenos naturales (fuego, agua, viento, calor, sequedad, humedad, etc.), de modo que un diagnóstico chino tradicional a veces se parece más a un parte meteorológico que a un análisis médico.

En la medicina china, la naturaleza manifiesta es el modelo que permite al médico comprender y manipular los elementos y energías internos del organismo humano. Cuando las energías elementales del organismo se mantienen en un estado natural de equilibrio dinámico y armonía funcional, hace «buen tiempo» dentro del cuerpo y florece el jardín de la salud humana, tanto mental como físico. Pero cuando se rompe el equilibrio orgánico y las energías anómalas invaden el organismo, se pueden producir inundaciones y sequías, viento y lluvia, calor y frío, y otras formas de «mal tiempo» que ocasionan perjuicios al paisaje interno. Como el sistema microcósmico de energía de los seres humanos se encuentra a mitad de camino entre los poderes cósmicos del Cielo (tien) y las fuerzas naturales de la Tierra (di) y obtiene su fuerza de ambas fuentes, la salud humana no depende sólo del equilibrio energético interno del organismo, sino también de su armonía con los poderes macrocósmicos del Cielo (el cosmos) y la Tierra (la naturaleza).

Dos conceptos fundamentales para la medicina tradicional china son: el hecho de que exista una enfermedad representa un fallo en la atención sanitaria preventiva, y la salud es una responsabilidad que comparten por igual el médico y el paciente.
En la tradición médica china, el médico actúa fundamentalmente como guía y consejero, como el instructor que enseña al paciente las normas básicas y las estrategias que le permitirán salir victorioso en el juego de la salud, pero depende de cada individuo jugar a ese juego y ganar o perder el premio de la salud. La táctica esencial en el juego de la salud es la intervención oportuna y preventiva. Ya lo afirman los versos clásicos del Tao Te King: Antes de que aparezca un mal presagio, es fácil tomar precauciones… Conviene tratar las cosas mientras se están formando, ponerlas en orden antes de que surja la confusión.

El enfoque tradicional chino de la salud se resume en 5 elementos_450el antiguo proverbio: «Un remiendo a tiempo ahorra cientos». Los chinos siempre han sido conscientes de la conveniencia de dedicar tiempo y dinero a un remiendo preventivo ahora, en lugar de hacer frente al esfuerzo y el coste de un centenar de remiendos curativos más adelante. Este es uno de los motivos por los cuales, en todos los órdenes de la vida, los chinos no suelen poner restricciones a lo que gastan en alimentación: hace tiempo que aprendieron que uno es lo que come, y saben que una alimentación sana siempre es la mejor medicina preventiva.

Actualmente, en Occidente nadie se preocupa por su salud hasta que la pierde, y entonces va corriendo al médico para que lo arregle o le ponga una prótesis. Según el Clásico de Medicina Interna del Emperador Amarillo, «este método es comparable al comportamiento de una persona que no empieza a cavar un pozo hasta que no tiene sed, o que no empieza a forjar sus armas hasta que no se encuentra en medio de la batalla. ¿No será entonces demasiado tarde?».

Según un antiguo axioma médico chino, «el buen médico enseña a sus pacientes a mantener la salud». En las familias tradicionales chinas, se contrataba al médico de familia no sólo para tratar a los enfermos, sino también para mantener sanos a todos los que vivían en la casa, incluidos los criados. El médico visitaba la casa a menudo, tomaba el pulso y controlaba los signos vitales de cada uno de sus moradores, y les proporcionaba los consejos y los remedios que convenían a cada cual, a fin de tratar las situaciones al tiempo que se estaban formando. Mientras los habitantes de la casa estaban sanos, el médico recibía una suma todos los meses, pero si alguno enfermaba, dejaban de pagarle hasta que devolviera la salud al paciente, ¡pagando de su propio bolsillo! Este sistema no sólo era excelente para prevenir enfermedades, sino que además era eficaz para evitar negligencias en el ejercicio de la profesión y un gran incentivo para el progreso creativo en la atención sanitaria, porque los ingresos de los médicos dependían exclusivamente de que sus clientes se mantuvieran sanos, y no de tratarlos por enfermedades que se podrían haber evitado con un «remiendo a tiempo», como suele ocurrir en la medicina occidental moderna.

Los médicos tradicionales chinos diagnostican y tratan todo el organismo humano, en lugar de ocuparse de cada una de sus partes por separado, como hacen los especialistas de la medicina occidental moderna, que tienden a concentrarse en los síntomas manifiestos de la enfermedad, en la parte del cuerpo en que se producen, tratando cada dolencia de la misma forma en todos los pacientes, como si los síntomas lucran fenómenos independientes que no guardaran relación alguna con el resto del cuerpo ni con el ambiente externo. Según los chinos, este tipo de atención médica elimina los síntomas superficiales, pero no hasta para curar la raíz del problema. Por el contrario, la medicina china diagnostica y trata todos los síntomas de enfermedad en términos de su relación funcional con el organismo humano en su totalidad, y también con los actores externos del ambiente en el cual aparecieron los síntomas. Centra fundamentalmente su atención en las sutiles energías controladoras que actúan en la superficie, y no en los síntomas externos evidentes que producen en el exterior. Esto se denomina «curar la raíz, en lugar de tratar la superficie»

medico chinoPara los chinos, el cuerpo humano es un sistema orgánico cuyas partes guardan una interrelación funcional en virtud de las mismas fuerzas fundamentales que rigen la naturaleza y el cosmos, del cual el organismo humano es un reflejo micro cósmico, pero completo. Así lo explica Ted Kaptchuk en “Una trama sin tejedor”:
Para la medicina occidental, comprender una enfermedad significa descubrir un ente que existe independientemente del paciente; para la medicina china, implica captar la relación entre todos los signos y los síntomas del paciente. Por lo tanto, el método chino es holista y parte de la idea de que no se pueden comprender las partes si no es en relación con la totalidad. Si alguien presenta un síntoma, la medicina china trata de averiguar cómo encaja ese síntoma dentro del esquema global del paciente. Comprender ese esquema global, del cual el síntoma es una parte, es el desafío de la medicina china.

Para la medicina occidental, el cuerpo humano es una máquina compuesta por piezas independientes, a menudo sustituibles, y el médico es el mecánico especializado que la repara cuando se avería, o que reemplaza las partes gastadas cuando se estropean.

Pero antes de la aparición de la enfermedad, la medicina occidental moderna por lo general no se preocupa por la atención preventiva. Además, algunas de las terapias modernas que aplica, como la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia y las drogas químicas, son sumamente intrusivas y en ocasiones tóxicas para el organismo humano, y a menudo producen daños en el cuerpo que no se manifiestan hasta varios años después, cuando se diagnostican y se tratan como si fueran otra enfermedad distinta.

acupunturaEn cambio, para la medicina china, el cuerpo humano es un jardín vivo y próspero, y el médico es el jardinero que periódicamente corta, poda, desyerba, riega, fertiliza y se ocupa de los distintos organismos para evitar que todo el jardín se marchite y decaiga. El medico recurre a una alimentación sana, hierbas medicinales, acupuntura, masajes, ejercicios y otros métodos naturales, no intrusivos, para cultivar la totalidad del jardín humano y protegerlo de los perjuicios que le ocasionan las fuerzas anómalas de la naturaleza. Mientras que la medicina occidental moderna emplea la tecnología como un arma para luchar contra las fuerzas de la naturaleza que intervienen en las enfermedades humanas, tomando el cuerpo como campo de batalla, la medicina china procura aprovechar, armonizar y desviar las energías malignas a fin de volver a equilibrar y poner a punto todo el organismo humano. Sin prisa, pero sin pausa, el método chino devuelve al organismo humano su estado de equilibrio, eliminando así los síntomas que surgen, inevitablemente, cuando las energías humanas pierden el equilibrio interno y la armonía con las fuerzas ambientales del Cielo y la Tierra.

Uno de los problemas de la medicina occidental moderna es que ha evolucionado sobre todo a partir de la disección y el estudio de cadáveres, y esta investigación se ha aplicado de forma literal a los seres humanos vivos, sin tener en cuenta las energías dinámicas que rigen los órganos físicos y las demás partes del cuerpo humano vivo. Esto ha provocado una fuerte tendencia mecánica y química en la práctica de la medicina occidental moderna, y ha hecho que no se preste suficiente atención al papel fundamental que desempeñan las fuerzas invisibles pero decisivas de la energía dentro del organismo humano.
En cambio, en la medicina china, el sistema energético humano siempre se ha considerado el factor clave para la salud y la curación.

Mitani Kolu, comentarista médico japonés del siglo XVIII, hizo una observación reveladora:
«A medida que la medicina occidental estudia cada vez más detalles, se va alejando del objetivo real de la investigación. Sus estudios sobre el cuerpo humano sólo se refieren a cadáveres. No nos informan sobre los seres humanos vivos, que son el único objetivo verdadero de los estudios médicos».

Los Tres TesorosNeijingtu_poster

Los chinos consideran a los seres humanos en función de tres dimensiones de la existencia que son inseparables y se interpenetran, llamadas «los Tres Tesoros» (San bao), a saber: el jing (la esencia, el cuerpo), el chi (la energía, el aliento) y el shen (el espíritu, la mente). Estos aspectos de la vida humana, diferentes pero totalmente interdependientes, equivalen al concepto del budismo tibetano de los tres haya: dharmakaya (la dimensión de la mente), sambhogakaya (la dimensión de la energía) y nirmanakaya (la dimensión del cuerpo). Los Tres Tesoros componen el marco de la existencia humana. Los fundamentos de la vida humana y los ingredientes básicos de la «alquimia interna» (nei-gung) de la meditación, la medicina y las artes marciales taoístas tradicionales.
Según un antiguo texto taoísta, titulado La clasificación de las terapias, «la esencia se transforma en energía y la energía se transforma en espíritu». Este proceso de transformación y sublimación de la energía constituye la base de la alquimia interna taoísta y se consigue aplicando el corolario a la ecuación anterior: «El espíritu controla la energía y la energía controla la esencia». Esta fórmula, conocida como «la Triple Unidad», quiere decir que la mente controla la energía y la energía controla el cuerpo para garantizar que el cuerpo produzca energía y la energía sostenga la mente.

El Jing se refiere al cuerpo físico, sobre todo a su «esencia vital», como la sangre, las hormonas, las enzimas, la linfa, los factores inmunitarios y otros componentes esenciales del cuerpo. El chi se refiere a la suma de todas las energías vitales que existen dentro del organismo humano y también a las energías que constituyen cada órgano, glándula y tejido interno y las demás partes funcionales del cuerpo. El shen se refiere al espíritu primordial puro, así como también a los aspectos temporales del espíritu que definen la mente humana en todas sus diversas facetas y funciones, los Tres Tesoros de la vida no son más que uno de los aspectos de una trinidad dimensional básica y junto con los Tres Poderes (Cielo, Tierra, Humanidad) y los Tres Campos del Elixir (ombligo, plexo solar, cabeza) que aparecen en toda la filosofía tradicional china, fundiendo las tres prácticas taoístas fundamentales (meditación, medicina y artes marciales) en un solo sistema unificado.

El equilibrio interno en cada nivel de la existencia (físico, energético y mental) y la armonía entre los tres son la clave de la salud humana y la longevidad.

La medicina occidental sólo reconoce el soma (el cuerpo o jing) y la psique (la mente o shen), y los separa en dos departamentos independientes, y a menudo contrapuestos, en la atención sanitaria (fisiología y psicología); además, fragmenta diversos aspectos de cada uno en subdepartamentos todavía más especializados, con escasa o nula conexión entre ellos. Desde el punto de vista occidental, lo principal es el cuerpo físico; la energía se considera un mero derivado del metabolismo fisiológico. Y la conciencia, un producto del cerebro. Para los chinos, en cambio, el espíritu y sus diversas facetas de conciencia y volición son los factores fundamentales que controlan la vida humana, mientras que la energía se considera el combustible básico del universo, con existencia propia, que el espíritu utiliza para cumplir sus objetivos, y el cuerpo no es más que energía condensada, que la mente humana organiza con el fin de formar un vehículo físico para la vida manifiesta sobre la tierra.

energia sanadora_chi_550Estos dos puntos de vista sobre la vida humana no sólo son fundamentalmente diferentes en cuanto a su filosofía,
sino que, además, dan lugar a enfoques muy distintos en la práctica de la medicina con respecto a la salud y la enfermedad. Desde el punto de vista chino, se puede utilizar la mente para controlar y conducir la energía con el fin de que sane y repare el cuerpo.

Recientemente, la ciencia médica occidental ha confirmado este punto de vista mediante el descubrimiento de la llamada «respuesta psiconeuroinmunitaria», a través de la cual los estados positivos de la mente, como la compasión, el amor, la fe, la calma, la felicidad y muchos más, generan respuestas curativas en el cuerpo. Se supone que esto se debe a que estimulan la secreción de determinadas hormonas y sustancias neuroquímicas que intervienen en la inmunidad y la curación. Por el contrario, los pensamientos y emociones negativos, como la ira, la tristeza, los celos, el odio y el estrés, generan esencias y energías que inhiben la respuesta inmunitaria, desequilibran el organismo y dejan abierta la entrada a la enfermedad y la degeneración.

La medicina occidental convencional separa las dolencias del cuerpo de las de la mente y deriva los problemas físicos a los médicos y los cirujanos, y los problemas mentales y emocionales a los psicólogos y los psiquiatras. Ninguno de ellos se ocupa de y ni siquiera comprende las energías humanas profundas que conectan los síntomas físicos y los mentales formando un sistema unificado y orgánicamente integrado, y por lo tanto, ninguno es capaz de proporcionar una cura que sane tanto el cuerpo como el espíritu y devuelva un saludable equilibrio a todo el organismo humano.
La medicina china trata directamente los desequilibrios internos y los desarreglos energéticos que se encuentran en la raíz de los síntomas tanto fisiológicos como psicológicos de la enfermedad, curando de este modo todo el sistema con las mismas terapias. Una consecuencia interesante y beneficiosa de la terapia tradicional china es que, al equilibrar y sanar la mente, además del cuerpo, suele colocar a los pacientes en el umbral del descubrimiento espiritual, y muchos de ellos adoptan la meditación, el chi- kung (también llamado «qigong») y otros métodos chinos para cultivar por si mismos la salud total.

Tanto en la teoría como en la práctica, el chi, con los diversos papeles que desempeña dentro del organismo humano, forma parte de la esencia misma de la medicina tradicional china. A pesar de ser invisible e inmaterial, es el componente más básico de la vida, la fuerza formativa que sustenta toda la existencia manifiesta, y el poder que impulsa todas las actividades y cataliza todas las transformaciones, tanto las mentales y emocionales como las físicas.

La naturaleza esencial de esta energía vital sigue siendo uno de los grandes misterios de la vida; sin embargo, sus efectos son visibles y tangibles y sus poderes y propiedades se captan y se comprenden fácilmente a través de sus manifestaciones en la naturaleza y dentro del organismo humano. Milagroso por su potencia infinita y su omnipresencia en todos los reinos de la naturaleza y en el universo, el chi manifiesta su poder decisivo sobre la materia en todo, desde la formación y disolución de estrellas y galaxias hasta los fenómenos más comunes de la naturaleza sobre la tierra, como una hoja que cae de un árbol, una manzana que se pudre, una célula que se duplica, una cascada, un eructo o un estornudo.
Es el latido del corazón, la temperatura de la sangre, la expansión y contracción rítmica de la respiración. El chi es tanto la causa como el efecto de cualquier actividad y fenómeno en los átomos, las moléculas, las células, los órganos, los cuerpos, los planetas, las estrellas, las galaxias y el universo en su totalidad.

En Una trama sin tejedor, Ted Kaptchuk escribe: «El pensamiento chino tiende a buscar la actividad funcional dinámica en lugar de estructuras somáticas fijas que realizan actividades». La primacía de la energía sobre la materia, de la función sobre la forma, es uno de los rasgos más característicos de la medicina tradicional china. Pese a la detallada precisión de la anatomía y la fisiología occidentales, a la medicina en Occidente le sigue faltando un enfoque global y sistemático de las fuerzas vitales que forman la materia, modelan la forma e impulsan todas las funciones del cuerpo humano, tejiendo la red invisible de energía que constituye la pauta para todas las estructuras físicas del cuerpo y controla las actividades del organismo en su totalidad y de cada una de sus partes.

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Tanto el Cielo (las energías cósmicas) como la Tierra (las fuerzas naturales) tejen los patrones del sistema energético humano que aparecen codificados de forma permanente en los filamentos del ADN de cada una de las células del cuerpo. Las distorsiones de los patrones energéticos humanos siempre son la causa fundamental de la enfermedad y la degeneración, y estas distorsiones, a su vez, se deben a la exposición a energías externas anómalas o a energías internas desequilibradas.

Para la medicina china, la enfermedad física es la última manifestación sintomática de antiguos desequilibrios, deficiencias, obstrucciones y otras anormalidades crónicas en el lujo y los patrones del sistema energético humano, que se curan mediante la restauración y el reequilibrio de las energías internas desordenadas y el restablecimiento de la armonía energética con el entorno. En cuanto el sistema energético recupera el equilibrio y la armonía normales, de inmediato se pone a trabajar para reparar el daño físico, eliminar toxinas, sustituir células y reconstruir tejidos, siguiendo el plan maestro que viene en el ADN, el remedio más efectivo que tiene el cuerpo para alcanzar la salud y la longevidad.

Una de las claves de la medicina preventiva china consiste en detectar y corregir los patrones anormales del sistema energético humano antes de que arraiguen somáticamente en el cuerpo y provoquen daños físicos permanentes.
Uno de los motivos fundamentales de la importante crisis de la salud humana que tiene lugar actualmente en todo el mundo es el hecho de que el estilo de vida urbano moderno y la tecnología industrial han aislado y alienado a la humanidad, alejándola de los poderes de la naturaleza y el cosmos, el contexto en el cual la vida humana se ha desarrollado en armonía durante millones de años. Un principio básico del punto de vista orgánico holista de la humanidad, la naturaleza y el cosmos es que todo lo que sea beneficioso para la totalidad lo es también para las partes que la componen. Aunque la actual medicina occidental no comparte el punto de vista holista de la medicina china, la opinión que tienen los indígenas americanos sobre la salud humana presenta notables semejanzas con el enfoque chino, como demuestra esta declaración memorable del jefe Seattle, realizada en 1854:
La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra, Todas las cosas están conectadas. Lo que le ocurra a la tierra les ocurre a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la tela de la vida, de la cual no es más que una hebra. Lo que le haga a la tela se lo hace a sí mismo.

Cuando los seres humanos contaminamos el aire con sustancias tóxicas y llenamos el cielo de microondas, campos electromagnéticos artificiales y otras energías anormales, y cuando envenenamos el suelo y las aguas con productos químicos tóxicos y desechos inmundos, también distorsionamos las energías, envenenamos los fluidos y contaminamos los tejidos de nuestro propio mundo interno. La humanidad no puede tener las dos cosas: no es posible perturbar y desnaturalizar el macrocosmos de nuestro entorno vivo sin perturbar y destruir el microcosmos de vida que tenemos en nuestro interior. Si promovemos y protegemos medicina-tradicional-chinala pureza fundamental, el equilibrio natural y la armonía inherente a los Tres Poderes (el Cielo, la Tierra y la Humanidad), y los integramos con los Tres Tesoros (el cuerpo, la energía y la mente), podemos evitar las enfermedades, impedir la degeneración y prolongar la vida, del mismo modo que podemos destruir la salud y acelerar la muerte a través de la ignorancia y la violación de las leyes naturales que rigen la vida sobre la tierra. Lo único que realmente le hace falta a la vida para conseguir los objetivos de la salud y la longevidad es sincronizar sus energías con los pulsos naturales del planeta y los ritmos del cosmos de los que brota la vida.

La medicina tradicional china pretende facilitar este equilibrioarmónico en los tres niveles del cuerpo, la energía y la mente mediante la nutrición, las hierbas medicinales, la acupuntura, el masaje, el chi- kung, la meditación y otros métodos holistas que devuelven al sistema energético humano sus pautas naturales y vuelven a colocarlo en el lugar que le corresponde en la gran urdimbre que es la vida sobre la tierra.